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Bebés gemelos: Similares pero diferentes

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sábado, 2 de julio de 2011

Método Leboyer - ¿peligroso para el niño?


El método Leboyer ¿puede ser peligroso para el niño?

No todas las críticas surgidas en el cuerpo médico contra las teorías de Leboyer eran producto del conformismo y la rutina; algunas se debían a la loable preocupación de no comprometer el bagaje científico de la obstetricia moderna, así como los gestos codificados que constituyen la base de la práctica obstétrica.

Es así como han creído poder predecir que el hecho de depositar al niño sobre el vientre de la madre, o de bañarlo, aumentaría el riesgo de infección. Ya ha surgido la gran palabra: infección, microbios. Debido a que la victoria sobre la infección es la única gran victoria obtenida por la medicina desde hace un siglo (las demás se deben a los progresos de la higiene, la nutrición y la técnica anestésica), y a que los antibióticos se cuentan entre los pocos medicamentos verdaderamente eficaces (lo que explica el abuso de su utilización, haya motivo o no), los médicos ven la infección por todas partes. Olvidan que, si bien los microbios se encuentran en efecto por todas partes, en las manos, en la boca, «microbio» no significa forzosamente infección; para ello es preciso que exista cierta fragilidad o debilidad del sujeto, así como otras condiciones especiales.

Volviendo al tema del recién nacido y el parto, ¿no resultan ridículos esos parteros «con casco, botas, máscara y guantes», si se piensa en los millones de microbios que pululan en la vagina y en la región perineo-anal de la madre, que es precisamente por donde sale el niño? Además, éste será depositado minutos más tarde en su cuna, que no es estéril. Entonces, ¿cómo es posible temer, seriamente, que la madre que acaricia a su hijo, depositado sobre su vientre, corre el riesgo de infectarlo?

Lo que defiende y protege al niño, mucho mejor que cualquier antibiótico, son las armas inmunizadoras transmitidas por la sangre y la leche maternas (de ahí la importancia de dar el pecho), por el líquido amniótico y por esa sustancia cremosa, el vernix caseosa, que recubre al recién nacido. Esa sustancia, que protege y nutre la piel del bebé, es muy grasa y no hay peligro de que desaparezca con el baño pues, obviamente, no se trata de fregar al niño.

Me parece evidente que tales temores sólo pueden aparecer en la mente de los médicos que no conocen bien el método Leboyer ni sus límites y que, en cualquier caso, no han probado dicho método.

Por mi parte, me apliqué a la tarea de tranquilizar a mis colegas efectuando las primeras comunicaciones científicas sobre el método Leboyer (en la Société de Gynécologie, en París, en abril de 1976, y en el Congreso de la Federación de Sociedades de Ginecología, en Lyon, en mayo de 1976) y publicando el primer artículo científico sobre dicho tema (Revue Frangaise de Gynécologie, abril de 1976).

Habiendo sido el más encarnizado adversario de Leboyer cuando apareció su libro, me pareció normal, a renglón seguido, convertirme en su defensor más eficaz en el mundo médico (el éxito logrado por su libro demuestra, sin embargo, que no necesita ayuda alguna). Al menos, mi toma de posición ha tenido cierto efecto, pues creo ser considerado como un garante de la obstetricia moderna, ya que soy autor de los principales manuales sobre esta I iencia para el uso de médicos, comadronas y enfermeras.

Sin entrar en detalles (carentes de interés para el gran público) sobre mis comunicaciones y artículos científicos, diría que las observaciones médicas que realicé sobre más de un centenar de partos según el método Leboyer permiten asegurar que dicho método no |)icsenta ningún peligro para el niño, con la única condición, subrayada por Leboyer, de que se aplique solamente en el parto normal, con un recién nacido normal. Idénticas aseveraciones tranquilizado-las aporta el doctor Odent, de la maternidad de Pithiviers, con varios miles de partos Leboyer en su haber. En su clínica modelo, donde todo se halla dominado por la preocupación de humanizar el nacimiento, las cifras de mortalidad perinatal pasaron del veintinueve por mil en 1962 al diez por mil en 1976, netamente inferior a la tasa media en Francia, que es actualmente del veinte por mil.

Creo que sólo me resta reproducir a continuación las conclusiones de mi artículo aparecido en la Revue Francaise de Gynécologie: «Este método cambia profundamente el clima psicológico del parto y, por lo tanto, marca una etapa importante en la historia de la obstetricia, tan importante como la que supuso la introducción del parto sin dolor, el cual, a su vez, en un principio no había suscitado sino desinterés, escepticismo o críticas sistemáticas.

»Este método no presenta ningún peligro para el niño, siempre que sólo se aplique en el parto eutócico.-1 Su aplicación cambia el comportamiento del recién nacido de un modo sorprendente; estrecha los lazos entre madre e hijo y permite al padre compartir el gozo del nacimiento; por último, crea un nuevo clima afectivo y tranquilizador al que no se está acostumbrado en una sala de partos, que cada vez se vuelca más a la frialdad inhumana de la electrónica».

viernes, 1 de julio de 2011

Celulitis en el Embarazo


En el transcurso del embarazo puede producirse un acentuamiento de la celulitis; sobre todo en las mujeres propensas a ella o en las que ya significa un auténtico problema. El grado de intensificación depende del cambio del estado hormonal, que hace más lento el drenaje linfático y favorece la retención hídrica.

Lo más efectivo y seguro es seguir una dieta hiposódica (pobre en sal), para evitar que se manifiesten con más virulencia estas indeseadas adiposidades.

Tomar mucho líquido, por lo menos dos litros de agua diarios y no descuidar una sobria actividad física, son otros consejos a tener en cuenta. El movimiento beneficia la circulación sanguínea y ayuda a eliminar todo resto de líquido. Una gimnasia también es útil para prevenir la hinchazón y la pesadez de las piernas y no permitir la aparición o acentuación de microvárices.

Lo ideal es caminar 30 minutos todos los días, a paso vivo y metódicamente. No se aconseja durante estos 9 meses una actividad física fuerte para no correr riesgos de golpes o agotamientos. En este período conviene desechar rotundamente la práctica de la equitación, la bicicleta o el esquí.

Se recomienda la natación por ser un ejercicio completo y relajante, que se puede practicar hasta el noveno mes de embarazo sin ningún problema, porque en el agua desaparece la percepción del peso de la panza. Puede ser beneficioso, también, hacer ejercicios de yoga.

miércoles, 29 de junio de 2011

Nacimiento sin violencia


Como se deduce de la lectura del apartado anterior, hacer nacer a un niño sin violencia constituye más una mentalidad que la aplicación de recetas mágicas.

Es preciso reemplazar las ideas preconcebidas y los gestos rutinarios por ideas y gestos nuevos.

Es preciso, sobre todo, considerar al recién nacido como un ser humano, altamente sensible y vulnerable, y no como un paquete inerte que hay que manipular fríamente.
Ese cambio de mentalidad concierne tanto al tocólogo como a los padres.

Al tocólogo, pues debe cambiar algunas de sus costumbres, mollificar algunos de sus gestos, a menudo afianzados por una larga práctica profesional. Debe aprender, sobre todo, a otorgar al niño el principal papel, y a establecer un contacto directo con él.

Sencillamente, debe darse cuenta de que el niño existe en tanto que ser vivo y sensible. Como ya he dicho, para el partero tradicional el recién nacido no es sino un animal de laboratorio, que hay que vigilar técnica y científicamente, y al que deposita lo más pronto posible en manos de la puericultura. Sin embargo, el partero moderno y sensible deberá ocuparse por sí mismo del niño durante su primera media hora de vida, lo que sin duda creará un lazo nuevo, cálido y tierno, entre el médico y el recién nacido.

Los padres deben estar preparados para el parto sin violencia, lo que evidentemente constituye el objeto de este libro. En efecto, deben saber que el comportamiento del recién nacido será, en general, diferente del que puede observarse en un parto tradicional; el niño pasará progresivamente de la vida intrauterina a la vida independiente al aire libre, en un clima de ternura y suavidad.

Los padres no deben pues estar pendientes de los gritos del niño, ni desesperarse si éstos se retrasan o no son muy intensos; uno de los efectos del método consiste, precisamente, en tranquilizar al niño, el cual ya no tiene ni razón ni necesidad de llorar. Nada hay más decepcionante para un tocólogo que logra el nacimiento sin violencia de un niño que oír a la madre repetir angustiada: «¡No grita!». Significa que no ha entendido nada, y que sólo el niño podrá apreciar el método del que se beneficia.

Así pues, los padres deben tener presente que todo va a ocurrir lentamente, en un clima de ternura y de calma, y que podrán observar con sus propios ojos, segundo a segundo, el descubrimiento progresivo que su hijo hace del mundo.

Silencio, calma, luz tamizada, serenidad... Estamos preparados para acoger al niño

Para el profano, el «parto Leboyer» equivale al «parto en la oscuridad», lo que supone una imagen tan falsa como simplista.

Con justa razón, Leboyer insiste en el clima de calma y serenidad que debe presidir la entrada del recién nacido en nuestro mundo.

Ese clima implica la eliminación del ruido: los padres y el tocólogo hablan en voz baja; la eliminación de las luces intensas: en la sala de partos sólo se utilizan luces suaves o amortiguadas, siempre suficientes para permitir al médico trabajar en buenas condiciones; la eliminación de cualquier gesto brusco o brutal, generadores de ruido y que no hacen sino traducir una tensión nerviosa inoportuna.

lunes, 27 de junio de 2011

La Piel en el Embarazo


Como se sabe, los cambios hormonales relativos al embarazo influyen sobre todo el aspecto exterior. Esta condición no se refleja sólo en la vida emotiva de la mujer, sino en toda ella. La mirada se hace más intensa, más dulce. Tanto, que algunos ginecólogos se arriesgan a diagnosticar un embarazo en su paciente, antes de que se haya cumplido un mes del mismo, sin recurrir a análisis o a un test. ¿Cómo hacen? Simplemente se guían por los ojos o la tersura de la piel.

El aumento de algunas hormonas, estrógeno, progesterona, producen un efecto lifting natural, aunque temporario. Al disminuir la actividad de las glándulas sebáceas, desaparecen eventuales defectos, como un cutis graso o con problemas de acné. Con el aumento de ciertas sustancias femeninas, los cabellos aparecen más fuertes, brillantes y sanos.

Después del parto, con el brusco retorno al estado fisiológico normal, se manifestará la tendencia, en algunos casos, a una caída del cabello. Se trata de un inconveniente pasajero, que termina cuando finaliza el puerperio.

Una buena fórmula para prevenir este problema, es mantener durante el embarazo y por un tiempo posterior al parto, con un control riguroso, la concentración del hierro en la sangre. La carencia de este elemento químico, perjudica casi siempre la salud capilar.

La piel durante el embarazo se vuelve más delicada, más sensible y, sobre todo, más seca. Sobre todo en los muslos, el abdomen y los senos, donde la actividad de las glándulas sebáceas es generalmente más escasa. Es entonces cuando aparece uno de los riesgos estéticos más preocupantes: la piel resquebrajada. El cutis también se vuelve más seco y expuesto a un notable estiramiento progresivo. No consigue, en algunos puntos particulares del cuerpo, ceder su parte elástica; entonces pueden instaurarse las clásicas estrías o venitas atrofiadas, inicialmente rosadas y luego blancuzcas.

Contrariamente a lo que se pueda pensar, el riesgo del resquebrajamiento, es más frecuente en las mujeres menores de 30 años. Como lo demuestran recientes estudios, en edades menores es más alta la tasa de cortisona, la hormona que favorece las manifestaciones de estas lesiones cicatriformes. ¿Cómo evitar que aparezcan? Es importante masajear delicadamente todos los días, la piel con cremas hidratantes y elastizantes, a base de colágeno y elastina, desde el inicio del embarazo.

También, es necesario tener en cuenta durante los primeros meses que aunque el cutis se vea húmedo y elástico, será conveniente prepararlo adecuadamente para el inevitable y sucesivo estiramiento, que puede provocar una tensión excesiva, difícil luego de corregir.

sábado, 25 de junio de 2011

Dieta Mediterránea para Embarazadas


La dieta mediterránea incluye pastas y arroz. Consiste en una alimentación sabrosa, rica en propiedades, variadas, que satisface perfectamente las necesidades de la embarazada, sin producir aumento de peso.

Desayuno
Té o café poco azucarado o directamente amargo.
Leche o yogur. Descremados 200 gramos. Enteros 150 gramos, con un huevo al poché.
Galletas integrales o cereales (30 gramos), pan (40 gramos) frutas frescas enteras, exprimidas o ralladas.

Almuerzo
Plato único a base de cereales, acompañado por otro alimento como pasta seca con diversos tipos de salsas o una tortilla cocida con jugo de tomate.
Verdura, toda la que quiera (una porción abundante).
Fruta de estación.

Merienda
Leche o yogur descremados o enteros reduciendo la cantidad.

Cena
Carne roja o pescado o pollo o legumbres.
Verdura toda la que quiera. Pan (50 gramos). Fruta de estación.

jueves, 23 de junio de 2011

Mujer embarazada


Se dice: la mujer embarazada es más hermosa- Es verdad, está científicamente comprobado que es así. Pero también es cierto que, durante esos 9 meses, se corren riesgos de que aparezcan imprevistamente desarreglos estéticos que con un tratamiento previo se pueden evitar.

Las estrías pueden dejar de ser una amenaza constante, valiéndose de una buena crema hidratante. Microvárices, hinchazón en las piernas, empeoramiento de la celulitis pueden combatirse con una cuidada dieta alimenticia. El clásico aumento de peso no tiene por qué producirse, si se conviene controlarlo mes por mes. ¿Cómo responder inteligentemente al mito de que la embarazada debe "comer por dos"?

La mayoría de las mujeres vive el embarazo como una etapa gloriosa de la femeneidad. Poco a poco el cuerpo se va ensanchando y poniéndose en evidencia.

Hasta no hace muchos años, ese período era considerado por algunas mujeres, como un contratiempo. Sobre todo si se movía en el mundo de las imágenes. Se conocen casos de actrices de cine que se ocultaron durante meses y lo vivieron como un verdadero castigo. Inclusive hubo algunas que hasta renunciaron a ser madres, por no ajear su cuerpo o ante la posibilidad de tener que dejar, temporariamente, su trabajo.

La realidad de los '90 presenta esta circunstancia de una forma bien distinta. Demi Moore la bellísima protagonista de Propuesta indecente, llegó hasta a posar desnuda para la tapa de la revista Vanity Fazr, mostrado su panza de casi 9 meses. En la actualidad, esperar un hijo es una experiencia que ninguna mujer quiere dejar de tener y la vive sin inhibiciones, liberada ya de viejos mitos. Atraviesa su gravidez como el momento más precioso de su vida.

Ocurre que hoy es mucho más fácil superar esa transformación que sufre el cuerpo, ya que gracias a numerosas investigaciones, existen tratamientos dermacosméricos y alimenticios que ayudan a transcurrir ese período sin dificultades estéticas y, una vez producido el parto, recuperar en fl breve tiempo la antigua figura. Aun en las mujeres mayores de 35 años, como está ocurriendo cada vez con más frecuencia, la maternidad ha dejado de ser un tema preocupante, porque se tiene la seguridad, que con mínimas precauciones, después del nacimiento del bebé se puede volver a lucir esbelta y atractiva.

Aquí encontrará una guía fácil y práctica, con los últimos avances científicos y también buenos consejos para que, durante los meses de espera, puedan conservarse al tope de la belleza, previniendo posibles problemas estéticos. Luego, una vez producido el nacimiento, podrá continuar con un tratamiento sencillo, que le permitirá prolongar los resultados obtenidos.

miércoles, 22 de junio de 2011

Problemas con la alimentación del niño


Amenudo, los padres se preocupan mucho por el apetito de sus hijos. Para que este tema deje de ser un problema, le sugerimos algunos consejos para cuando les dé de comer:

- Controle el horario de comida, el ritmo, la duración y el lugar.

- Prepare una dieta equilibrada de acuerdo a sus necesidades

- No le ofrezca golosinas a cualquier hora ni para calmarlo cuando llora ni para satisfacer sus ansiedades.

- Evite premiar con dulces su buen comportamiento ni lo castigue con comidas que no le gustan. Lo alimentos no deben tener ninguna connotación simbólica, ni de premio ni de castigo.

- No pretenda ganarse su cariño a base de golosinas

- Trate de que la hora de la comida se desarrolle en un ambiente apacible.

- Cuide la presentación de sus platos para que sean atractivos.

martes, 21 de junio de 2011

El Parto Sin dolor


Los métodos del PSD preparan a la parturienta hasta la salida del niño. En ese momento, el partero, que ha cortado inmediatamente el cordón umbilical, confía el niño a la puericultora, quien se lo lleva lejos de la vista de su madre para aplicarle los cuidados habituales. Esa separación tan rápida, pocos minutos después del nacimiento, constituye una auténtica desesperación para muchas madres, que se ven así privadas de sus hijos apenas venidos éstos al mundo...

Por el contrario, en el método Leboyer, apenas salido de las vías genitales el niño es depositado sobre el vientre de su madre, que puede sentirlo, verlo, tocarlo. Esos primeros instantes son especialmente emotivos, y el contacto físico inmediato con el bebé crea en la madre un sentimiento de intensa felicidad que en pocos segundos le hace olvidar las molestias sufridas.

Por su parte, el padre, que asiste al nacimiento, participa también plenamente de ese momento único y maravilloso. Las numerosas parejas que he visto llorar de alegría en los primeros minutos de vida de su hijo testimonian la intensidad emocional única que invade esos instantes excepcionales.

Momentos después, el niño es depositado en la bañera para darle un baño de agua a 37 grados centígrados. Ciertamente, entonces es arrebatado a su madre, pero el contacto físico ya ha tenido lugar; además, permanece a la vista de sus padres, a pocos centímetros de ellos.

Se desarrolla entonces un nuevo espectáculo extraordinario; el niño, al volver a hallarse en el elemento líquido y tibio que le ha sido familiar durante nueve meses, se relaja, y se calma si estaba llorando. De todo su cuerpo se desprende un sentimiento de bienestar innegable, de confianza, de tranquilidad.

Es frecuente que abra los ojos y, si bien es cierto que no «ve» en el sentido estricto del término, resulta siempre maravilloso el espectáculo de ese bebé de pocos minutos que fija sus grandes ojos muy abiertos en nosotros.

En su libro, Leboyer preconizaba que fuera el propio padre quien bañara a su hijo. Sin embargo, en la actualidad coincide conmigo en pensar que a veces es mejor que sea el tocólogo quien lo bañe. En efecto, el padre suele estar demasiado emocionado y siempre se desenvuelve con torpeza, torpeza que, por curioso que resulte, es innegable que el niño percibe, perdiendo de resultas su confianza y echándose a llorar de miedo.

Sin contar con que ciertos padres, temblorosos y paralizados por la emoción, dan algún tra-guito de agua a su hijo, pues un bebé recién nacido es algo muy resbaladizo y difícil de manipular.

Por el contrario, el tocólogo se habitúa con rapidez, pudiendo encargarse mejor de esa tarea con el máximo cuidado y eficacia. Sin contar con que ese contacto con el recién nacido proporciona al médico nuevas alegrías que, en la rutina cotidiana de su profesión, casi había olvidado. Ese «reciclaje» de humanización me parece importante para el partero, quien tenía demasiada tendencia a considerar al niño como un juguete pasivo que se apresuraba a depositar en manos de la puericultora.

domingo, 19 de junio de 2011

El Embarazo - responsabilidad


Probablemente muchos consideren injusto que el hombre deba ocuparse de las tareas de la casa después de trabajar todo el día, pero lo cierto es que cuando él llega todavía quedan varías cosas por hacer. No todas las responsabilidades deben ser repartidas en partes iguales, pero si al regresar a su casa el hombre se despreocupa de su mujer ella se sentirá triste, abandonada e infeliz.

Es muy posible que esa insatisfacción Interceda cuando vayan a la cama y quieran mantener relaciones sexuales, porque ella no va a sentir interés. El matrimonio mejorará en todos los sentidos cuando se manifieste de ambas partes un compromiso por la familia, que vaya más allá de los estereotipos sociales.

Por eso, la recomendación que los especialistas hacen a las jóvenes parejas es que discutan el momento real en que ambos desean tener hijos, porque de otro modo corren el serio riesgo de terminar divorciándose antes de que el pequeño pueda ingresar a la escuela primaria.

Una vez que hayan asumido el compromiso de ser padres deben hablar permanentemente y, si no encuentran soluciones por sí solos, buscar ayuda profesional. Porque los hijos son felices cuando sus padres también lo son.

viernes, 17 de junio de 2011

El embarazo en mujeres que trabajan


El principal inconveniente de la actualidad es que por lo general ambos padres trabajan, circunstancia que trae una serie de conflictos que van desde las quejas por la división de las tareas hasta la insatisfacción de no poder contar con el tiempo suficiente para disfrutar en Intimidad de la vida en pareja.

Anteriormente estas dificultades no aparecían porque los roles de cada uno eran más claros y no motivaban discusiones, por ejemplo sobre quién cuidará al bebé, quién ganará el sueldo de la familia, quién lavará la ropa, quién cocinará o quién tratará con la niñera. Todos estos factores producen en la pareja un alto nivel de estrés, especialmente en el transcurso de los primeros años de matrimonio, ya que al mismo tiempo se genera un innecesario clima de competencia.

Traer un hijo al mundo representa, además de la mayor de las felicidades humanas, un enorme compromiso y conlleva ciertos riesgos que pueden desestabilizar el equilibrio emocional de la pareja. Tras la experiencia del parto, las madres que reinician sus obligaciones laborales casi siempre demuestran sentirse mejor con ellas mismas, valoran más su matrimonio y se deprimen menos que aquellas que permanecen en sus casas. Según los últimos datos, cuando los niños cumplen los seis meses el 55 por ciento de las madres ya ha vuelto al trabajo, el 36 por ciento ocupa parte del horario (menos de 20 horas por semana) y el 19 por ciento cumple entre 20 y 40 horas semanales.

Un año después, teniendo los chicos un año y medio de edad, las cifras se incrementan todavía más. Los tiempos han cambiado y hoy la mujer tiene una educación y una carrera propias, legítimos derechos a los cuales no está dispuesta a renunciar.

Sin embargo, debe decirse que el trabajo de la mujer puede acarrear serias dificultades a la pareja si tenemos en cuenta que los dos llegan cansados del esfuerzo diario y necesitan ser atendidos. Claro que en la casa hay un bebé que precisa de todos los cuidados posibles y, lógicamente, no acepta bajo ningún punto de vista esperar siquiera un minuto.

Algunas madres son más felices si pueden permanecer en el hogar con su bebé, sin la preocupación de que otra persona lo está criando, y reintegrarse a la vida laboral cuando los chicos ya estén en el colegio. Pero otras, que han estado construyendo sus carreras profesionales con mucha pasión y esfuerzo, se ven imposibilitadas de adoptar esa decisión. De todos modos, aún no ha podido comprobarse si hay un impacto potencialmente negativo de la madre que trabaja con respecto a su hijo. Para que la ocupación de la mujer no afecte a la familia ni derive en desagradables peleas, hay dos factores fundamentales: que a ella le guste lo que hace y que él colabore con el cuidado del bebé y los quehaceres domésticos.

Al no darse alguna de estas condiciones empieza a crecer la insatisfacción hacia el matrimonio, aumentando la agresividad, disminuyendo la calidez y el sentido del deber como padres. El momento más crítico de la pareja suele ser el posterior al nacimiento, cuando en la parte final del embarazo las mujeres se sienten Incómodas y los hombres no saben qué hacer, aunque ambos todavía tienen tiempo para estar juntos.

miércoles, 15 de junio de 2011

El Cordon Umbilical


La sección del cordón

Con frecuencia, el retraso en seccionar el cordón ha sido vivamente criticado por los adversarios del nacimiento sin violencia. Algunos médicos arguyen que el cordón no cortado de inmediato mantiene la comunicación entre la placenta y el niño, favoreciendo así que la sangre del bebé pase a la placenta por el efecto de los vasos comunicantes.

A pesar de que esta hipótesis se basa en nociones corrientemente admitidas hasta el presente, los detractores más «cultivados» citan, para apoyar sus críticas, los trabajos de un equipo norteamericano dirigido por Th. Sisson, los cuales demuestran que hay en efecto una ligera pérdida de sangre del niño hacia la placenta, cuando éste se halla situado a un nivel superior.

Sin embargo, esos detractores olvidan precisar que los trabajos de dicho equipo fueron efectuados basándose en cesáreas y embarazos complicados, en especial de mujeres diabéticas, lo que cambia mucho la cuestión.

En efecto, al estar abierto el útero en la cesárea, las condiciones hemodinámicas están alteradas y, sobre todo, el «efecto esponja» ejercido sobre la placenta después del nacimiento por las contracciones uterinas no se produce. Por otra parte, en el hijo de una madre diabética existe con frecuencia una hipertensión venosa que crea artificialmente una transfusión del niño hacia la placenta.

Un estudio más reciente, más completo, más serio y más importante, llevado a cabo por otro equipo norteamericano, bajo la dirección de F. Kleiwberg, prueba por el contrario que en el curso del parto natural el retrasar la sección del cordón no tiene ninguna influencia sobre el volumen sanguíneo del bebé, siempre que éste no se encuentre a una altura de más de veinte centímetros por encima de la placenta.

En la práctica, el niño depositado sobre el vientre de la madre se encuentra a unos seis o siete centímetros —es decir, el espesor de la pared uterina más el de la pared abdominal de la madre— por encima de la placenta.

Además, un equipo inglés, dirigido por P. Dunn, ha demostrado que el útero ejerce sobre la placenta contracciones que actúan como cuando se exprime una esponja, y envía hacia el niño toda la sangre contenida en la placenta, realizando una auténtica transfusión de esta hacia el niño. En definitiva, exactamente lo contrario de lo que propugnan a grandes gritos los que se oponen a retrasar la sección del cordón.

lunes, 13 de junio de 2011

El Embarazo - un compromiso de pareja


La llegada de un bebé al hogar suele ser traumática para aquellas parejas que no adoptaron esa decisión con la madurez necesaria. Asumir que el compromiso de ser padres implica renunciar a muchas cosas es el camino que conduce hacia una vida matrimonial plena, libre de las angustias que ocasionan los divorcios prematuros.

Es común que muchas jóvenes parejas idealicen en el matrimonio la continuación del noviazgo, soslayando por Inmadurez o ignorancia todas las responsabilidades que implica dar ese paso trascendental.

Si bien durante los primeros tiempos de esta nueva etapa el idilio se mantiene tan Intenso como desde un principio, los inconvenientes conyugales aparecen súbitamente a la hora de formar una familia.

De acuerdo con algunas estadísticas realizadas en Estados Unidos, cuando las parejas se convierten en padres, el 12,5 por ciento de ellas se separa antes del segundo año de su primer hijo, las cargas de la paternidad no se distribuyen equitativamente y la frecuencia de las relaciones sexuales disminuye aún más que durante el embarazo.

domingo, 12 de junio de 2011

Parto Humanizado


La humanización está a la orden del día. Se desea humanizar los hospitales (en todo caso, se habla de ello desde hace tiempo), así como también se desea humanizar la muerte, tema que abordan, con justa razón, tanto los grandes pensadores como los grandes médicos. Pienso que sería lícito empezar por el principio, es decir humanizando el nacimiento.

El método del parto psicoprofiláctico, denominado «parto sin dolor» (PSD), constituyó la primera etapa importante en la vía de la humanización del nacimiento. Tras haber sufrido pasivamente el parto, entre gritos y dolores, durante siglos, la mujer occidental se benefició, hace varias décadas, de una verdadera revolución psicológica: la mujer moderna participa al fin, en tanto que adulta consciente, informada y preparada, en el maravilloso acto de dar la vida.

Al mismo tiempo, las angustias y dolores ancestrales han desaparecido o se han mitigado considerablemente. Como ya he dicho, ese cambio ha sido posible gracias a la intuición genial de un modesto tocólogo inglés, el doctor Read, y a los trabajos de los fisiolo-gistas rusos.

¿Cuál ha sido la reacción del cuerpo médico ante esas nociones nuevas? Por desgracia, y como tan a menudo ocurre cuando se habla del dominio psicológico, la ironía y el desinterés. Sólo gracias a la presión de la prensa y de la opinión pública, el cuerpo médico lia acabado por adoptar esos métodos, los cuales han tardado casi veinte años en pasar a formar parte de la práctica cotidiana. En la actualidad, todas las futuras madres se benefician de esa preparación, que supone una auténtica humanización del parto.

El «método» Leboyer (pongo «método» entre comillas porque, como veremos, se trata más de un estado mental que de un método propiamente dicho) parece completar de maravilla al parto sin dolor.

sábado, 11 de junio de 2011

Parto - descenso y salida del niño


Este período está dominado, física y psicológicamente, por la noción de sinergia con la madre.

Para el feto, este estado conlleva un sentimiento extremadamente poderoso de lucha por la vida, con una impresión mecánica de aplastamiento y un alto grado de ahogo (en el curso de las contracciones uterinas de! final de la fase de dilatación, el aporte de oxígeno por la sangre del cordón umbilical se ve a veces disminuido, lo que puede traducirse en alteraciones de los latidos cardiacos).

Pero, puesto que el útero se halla ahora abierto y el niño descendiendo por las vías genitales maternas, aparece al menos un sentimiento de posible terminación de este estado dramático.

Los esfuerzos expulsivos de la madre coinciden con el interés vital del niño: ambos desean acabar lo antes posible con esa dramática situación.

La intensidad de los dolores soportados por el niño alcanza un grado superior al de la etapa precedente. Sin embargo, las descripciones son similares (aplastamiento, intensos dolores de diversos tipos, trastornos cardiacos, etc.).

Este período viene dominado, física y psicológicamente, por la noción de separación de la madre.

La exacerbación progresiva del dolor y de la angustia desemboca bruscamente en una súbita sedación y en el reposo. El niño realiza su primera respiración aérea, y comienza su experiencia como individuo distinto.

La nueva situación es incomparablemente mejor que los estadios precedentes; sin embargo, resulta menos agradable que la etapa inicial. En efecto, las necesidades del niño ya no son satisfechas de manera inmediata (el cordón umbilical ha sido cortado); ya no se halla protegido de las agresiones externas: variaciones de temperatura con sensación de frío, agresiones múltiples por ruidos diversos, luces de intensidad variable y situaciones táctiles desagradables.

Son frecuentes las referencias de los sujetos a los olores de la sala de partos o del anestésico eventualmente utilizado, a los ruidos de los instrumentos quirúrgicos, a la intensa luz que alumbra la cama de obstetricia y a ciertos aspectos determinados de nacimientos «anormales» (presentación de nalgas, cordón enrollado alrededor del cuello, utilización de fórceps, maniobras de reanimación neonatal, etc.).

A nivel psicológico, este estadio señala el fin del combate entre la vida y la muerte. La atmósfera general es la de una liberación con expansión del espacio, y la sensación de haber escapado a un peligro mortal.

jueves, 9 de junio de 2011

Embarazadas: Preparación del Parto


La preparación para el nacimiento nos parece en la actualidad la mejor de las preparaciones para el parto. Nos hacemos así partícipes de las reflexiones de Ivan lllich sobre la transformación que la civilización industrial realiza de la experiencia del dolor, es decir de la gestión técnica del mismo: en la medida en que se vuelve a dar un significado al dolor, el umbral de tolerancia se hace más alto.

Es en este sentido como la preparación para el nacimiento transforma las condiciones del parto. Como destaca lllich, la experiencia del dolor depende, además de la naturaleza e identidad del estímulo, de cuatro factores: el lenguaje, la ansiedad, la atención y la interpretación. La preparación para el nacimiento, tal como la concebimos y la ponemos en práctica, actúa sobre esos cuatro factores.

Hemos constatado que cuando la parturienta aborda la fase de dilatación sin inquietarse sobre su comportamiento durante las contracciones uterinas, sobre el modo en que las controlará, sino preguntándose qué va a ser de su hijo, cómo lo acogerá, cómo se comunicará con él desde su nacimiento por el tacto y la palabra, los riesgos disminuyen...

Los tocólogos tienden a considerar que su papel consiste únicamente en asegurar el paso del medio intra-amniótico al medio aéreo en las mejores condiciones «termodinámicas» posibles, con el mínimo de daño para los órganos nobles, en especial para el encéfalo.

Pocos tocólogos se preguntan si sus gestos y actitudes podrían obstaculizar el establecimiento de una buena relación padres-hijos; pocos toman conciencia de la importancia fundamental de la primera relación objetual del niño:

la relación con el «seno materno» y con la madre; pocos se percatan del papel específico del padre en el nacimiento, de su papel de regulador en la relación madre-hijo, de su papel simbólico de separación; pocos conocen el modo de transmisión de generación en generación de la capacidad de ser madre, es decir de la capacidad de amar; pocos, en fin, saben cómo aprende la mujer, desde su nacimiento, a ser madre de los hijos que podrá engendrar en la edad adulta.

Esta concepción restrictiva del rol del tocólogo da cuenta de lo que es posible observar a diario en la mayoría de las salas de partos.

martes, 7 de junio de 2011

Relatos de partos revividos


Siento una sensación de ahogo, de compresión del tórax. Una potente y progresiva fuerza me curva, aproximando mi cabeza a mis dobladas rodillas, y pegándome los brazos al cuerpo. Sensación de ser comprimido progresivamente. Mi nuca se halla presa en un estuche, y siento intensos dolores en la espalda y los ríñones. Sensación de ser aplastado por una fuerza aplicada sobre mis hombros, uniendo los omoplatos. A nivel mental, impresión de fatalidad ineludible, de impotencia total, de algo terrible que no acabará nunca y que me produce una gran angustia metafísica.

Este estadio parece corresponder a la primera parte de la fase de dilatación, cuando las contracciones uterinas aplastan al niño. Dado que el cuello del útero está cerrado, no hay salida posible; de ahí la impresión de ineludible y de algo que no acabará nunca.

Después aparecen las ganas de avanzar contra algo que se resiste y que es más estrecho que los hombros, los cuales tienden a borrarse, a apretarse, a fin de hacerse lo más pequeños posible. Sensación de un gollete de botella de consistencia elástica, muscular.

Mentalmente, impulso de no permanecer ahí, de liberarse de ese estrecho lugar. Es preciso escapar de lo que comprime. Impresión de que podría tratarse del final de las molestias. Sentimiento de que puede y debe hacerse algo para salir de ahí.

Este estadio parece corresponder a la abertura del cuello del útero y al descenso del niño. La abertura del cuello logra que cese la impresión de ineludible, y hace concebir esperanzas de que la situación dramática, la pesadilla, podrá tener un fin.

De pronto, impresión de que la cabeza se libera, y después los hombros. Sensación similar a la de un espeleólogo que sale de un agujero. Me siento impulsado a seguir avanzando, liberando el busto. Tiendo a pasar un brazo por delante de la cabeza a fin de liberarme mejor. A nivel mental, no tengo ganas de detenerme sino, por el contrario, de seguir avanzando. Después, sentimiento de inmensa felicidad, de haber salido. La pesadilla concluye.

Este estadio parece corresponder a la liberación del niño. La cabeza se libera; después, un brazo y los hombros. El fin de la sensación de compresión proporciona una intensa felicidad.

Casi inmediatamente surge una sensación de vértigo y náuseas, de algo que gira en la cima del cráneo [Robert indica el emplazamiento de la fontanela). Al mismo tiempo, sensación de mucosidades y de líquido en la boca y en la garganta, con la imperiosa necesidad de escupir y de toser.

De pronto, sensación de vacío, de que ya no hay nada a mi alrededor. Ya no siento mi espalda, ni ninguna otra cosa. Sensación nueva de flotar, impresión de ligereza. Asombro de no encontrar nada en ninguna parte. Sin duda, algo comparable a un descenso en paracaídas [Robert precisa que nunca ha practicado paracaidismo, pero que supone que la sensación debe de ser similar]. Esa sensación es más asombrosa que angustiosa.

Este estadio parece corresponder al momento en que el niño sale y se encuentra con un espacio no limitado.

Hay que destacar que Robert no indica sensación de ruido o de luz intensos. Al hablar con los padres sabemos que nació en una granja, a la luz de una lámpara de petróleo y en calma. Tampoco indica sensaciones térmicas concretas.

domingo, 5 de junio de 2011

Método Leboyer - nacimiento sin dolor


En 1974, un tocólogo francés, F. Leboyer, exponía un nuevo concepto del parto en su libro titulado Por un nacimiento sin violencia. Este libro, si bien fue muy bien acogido por el público, suscitó por el contrario una violenta oposición en una buena parte del cuerpo médico, hasta el punto de que la futura madre se halla desorientada, y ya no sabe qué pensar ante tantas opiniones, tanto a favor como en contra.

Pienso que mi posición es óptima para ayudarte a comprender el método Leboyer y las razones de la oposición que ha suscitado en la mayoría de los médicos. En efecto, yo fui uno de los adversarios encarnizados de Leboyer, y la primera edición de mi libro incluía críticas virulentas de sus métodos. Mi oposición se basaba en un enfoque médico del método Leboyer, cuando en realidad éste constituía la aplicación de un conocimiento psicológico.

¿Qué es el método Leboyer?

Para la mayoría de la gente, este método, que ha sido objeto de apasionadas controversias en la prensa, consiste en «realizar el parto en la oscuridad». Por su parte, los parteros ironizan, principalmente, sobre el ritual que caracteriza al método, y sobre el famoso baño que se da al recién nacido; la bañera convertida en objeto indispensable para el parto constituye una fuente inagotable de burla.
Por desgracia, parece que el profano, al igual que el cuerpo médico, se haya anquilosado en los medios utilizados, olvidando lo principal, es decir el objetivo buscado.

Sin embargo, yo creo que es preciso abordar las cosas de un modo completamente diferente; examinar en primer lugar el fin que se busca, para pasar después a estudiar los medios preconizados por Leboyer para lograrlo. De ese modo nos daremos cuenta de que si bien el objetivo es unívoco, los medios pueden ser mejorados o modificados en función de ciertas críticas formuladas desde un punto de vista puramente científico o práctico.

viernes, 3 de junio de 2011

Contracciones Uterinas


Este período está dominado física y psicológicamente por la noción de antagonismo con la madre.

El mundo del feto se halla desquiciado por la aparición de las contracciones uterinas y el comienzo de la fase de dilatación. Hay que destacar que, de vez en cuando, se producían asimismo contracciones menos potentes en el curso de los últimos meses del embarazo, pero eran sentidas como una molestia pasajera.

La aparición de contracciones fuertes crea una situación dramática, con la sensación de atentado contra la vida y diversos signos de incomodidad física. Madre e hijo se convierten en una fuente de dolor para el otro, y se hallan en antagonismo y conflicto biológico.
El sujeto se siente preso en un mundo cerrado y experimenta increíbles torturas físicas y psíquicas.

Esta situación es sentida como eterna y sin esperanza. Ninguna escapatoria parece posible, ni en el espacio ni en el tiempo.

Esta etapa adquiere ¡a dimensión del infierno, caracterizado por un sufrimiento infinito, físico, psíquico y metafísico, tal como es descrito en muchas religiones.

La agonía del nacimiento se une entonces a la agonía de la muerte. A nivel metafísico, este estadio se halla dominado por la noción de que no hay salida posible.

A nivel físico, se mencionan sensaciones de extrema presión sobre la cabeza, silbidos en los oídos, diversos dolores por todo el cuerpo, sensación de ahogo, de trastornos cardiacos y de frío.

jueves, 2 de junio de 2011

Alimentación en el embarazo - Pescado


El pescado magro

Resulta particularmente interesante por ser poco rico en calorías (lo mismo que el marisco).

El pescado se prepara:

- Simplemente escalfado: colocar el pescado en un plato y depositar este plato en la cesta metálica de la olla exprés. Un poco de agua en el fondo de ésta, sal, pimienta, hierbas y e! caldo corto habitual. Cerrar la olla. Dejar cocer a fuego lento unos minutos.

- A la plancha: bajo el grill del horno o en una plancha normal.

- Asado: el mismo procedimiento que para un asado de carne. Colocar el pescado sobre un papel de aluminio abierto; añadir sal, pimienta y hierbas; disponer alrededor tomates, setas y cebollas pequeñas; añadir un poco de vino blanco si se quiere; dejarlo asar a fuego bastante vivo (25 minutos para una dorada mediana, por ejemplo); servir con perejil picado y zumo de limón.

Derrite un poco de mantequilla para las personas de la familia que no tienen problemas de peso.

martes, 31 de mayo de 2011

Primera Etapa de nacimiento


Es el fin del embarazo. Este período se halla dominado, tanto lisica como psicológicamente, por la noción de unión con la madre.
Las condiciones para el niño son entonces óptimas: seguridad, protección, medio líquido y tibio, agradable, y satisfacción de todas las necesidades: nutritivas por medio del cordón umbilical, urinarias por la micción en el medio amniótico (no hay función intestinal, por lo tanto tampoco hay deposiciones).

Esta beatitud puede sin embargo verse alterada. De modo ocasional y superficial, por ruidos externos demasiado intensos, por sacudidas sufridas por la madre, por una molestia pasajera de ésta, por el uso del tabaco o del alcohol, por el examen del ginecólogo, por las relaciones sexuales, etc. La alteración puede ser más duradera y de mayor gravedad a causa de cualquiera de las enfermedades propias del embarazo (hipertensión arterial, toxemia gravídica, choque por el factor Rh), del miedo o la angustia de la madre, de un trabajo penoso efectuado por ésta, etcétera.

A pesar de que todas esas agresiones son bien conocidas por la medicina oficial, ésta sólo ve en ellas la posibilidad de una repercusión en la salud del niño.

Las exploraciones por medio del LSD revelan que el niño puede asimismo sentir esas agresiones a nivel psíquico, con sensación de incomodidad, dolores, angustia, etc., y memorizar después esos recuerdos incómodos de su inconsciente, del que podrán «extraerlos» los métodos psicoterapéuticos ya mencionados. La sabiduría popular ya había reconocido, desde hace tiempo, la influencia de la ansiedad o la angustia de la madre sobre el desarrollo del embarazo y sobre el psiquismo del niño.

En este estadio, las descripciones suministradas por los sujetos experimentales son todas parecidas. Se describen como de tamaño muy pequeño, con la característica desproporción entre el volumen de la cabeza y el del resto del cuerpo (sabemos que el recién nacido tiene una cabeza proporcionalmente mucho mayor que la del adulto).

Pueden sentir el líquido que los baña e incluso a veces el cordón umbilical. Esas percepciones se hallan asociadas a una impresión psíquica de completa felicidad, de fusión perfecta en la unidad cósmica. Los sentimientos mencionados con mayor frecuencia son: paz, tranquilidad, alegría, serenidad, beatitud, esplendor y plenitud del ser, trascendencia del tiempo y el espacio. Todos señalan que las palabras del lenguaje ordinario son insuficientes para traducir la naturaleza de esa sensación y su significado.

domingo, 29 de mayo de 2011

Alimentación en el embarazo - Los huevos


Los huevos

Los huevos constituyen una mina de buenas recetas con pocas calorías:

— huevos duros;
— huevos revueltos en la sartén de teflón con tomate, setas, cebolletas, etc.;
— tortilla a la francesa (siempre en la sartén de teflón, a fuego lento, sin grasa);
— piperada de hortalizas (plato vasco): huevos revueltos con hortalizas diversas, calabacines, berenjenas, tomates, hierbas, etc.

Los huevos permiten también hacer soufflés o flanes, salados o dulces.

Soufflé salado, para una persona:
Dos yemas de huevo, sal, pimienta, hierbas, unos trocitos de jamón (facultativo). Batir las claras a punto de nieve (con una pizca de sal); mezclarlo todo. Meterlo en el horno a temperatura mediana, en un molde especial para soufflés (moldes que no se pegan). Alrededor de diez minutos de cocción.

Soufflé dulce:
Igual que el anterior, pero sin jamón, claro está. Reemplazar la sal por un edulcorante. Añadir una vaina de vainilla y una gota de licor, si te apetece. A fuego vivo, te saldrá un soufflé; a fuego mediano, un flan, que se come caliente o frío.
La clásica «isla flotante» se puede hacer con leche desnatada + edulcorante + yemas de huevo + claras de huevo batidas a punto de nieve firme y puestas encima.

(Veremos más adelante otras recetas a base de huevo, cuando hablemos de los productos lácteos desnatados.)
Piensa en utilizar las providenciales claras (una clara = 20 calorías). Batida a punto de nieve muy firme con un edulcorante (y siempre con una pizca de sal), hace muy buen efecto sobre un café helado o caliente, creando un «café de Lieja», que te quitará el hambre durante la jornada.

viernes, 27 de mayo de 2011

Experiencia perinatal - traumas en el nacimiento


La experiencia perinatal del recién nacido puede dividirse en cuatro etapas, que corresponden por otra parte a las cuatro etapas del parto.
La primera etapa es la que precede al período de dilatación, es decir al final del embarazo.

La segunda etapa es la del comienzo de la fase de dilatación y, más tarde, de las contracciones uterinas. Corresponde a lo que los parteros anglosajones denominan the first stage of labor, la primera clapa de la fase de dilatación.

La tercera etapa corresponde a la abertura del útero y al descenso del niño por las vías genitales de la madre. Es lo que los parteros anglosajones denominan the second stage of labor. Cabe destacar que fisiológicamente, este estadio se desarrolla a menudo en concomitancia con el anterior.

La cuarta etapa corresponde a la salida del niño de las vías genitales maternas. Es el third stage of labor de los anglosajones, la tercera etapa de la fase de dilatación.

Veamos cómo vive y sufre el niño esos diversos fenómenos; después comprenderemos mejor por qué es necesario humanizar y dulcificar el nacimiento.