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viernes, 15 de julio de 2011

El Parto y el primer baño del bebé - Parte 2


El papel del baño de agua tibia consiste en crear una etapa confortable, tranquilizadora, agradable (puesto que recuerda el líquido amniótico del útero materno), en el curso de ese terrible y angustioso viaje que en pocos minutos conduce al niño, del cálido y dulce refugio del vientre materno, al ruido, la frialdad y la brutalidad del mundo de los humanos.

En su baño, el bebé se relaja, descubre que puede extender con facilidad los miembros, empieza a abrir los ojos... A menudo, he hecho la prueba de hablarle en voz baja y suave; no hay nada tan sorprendente como ver a un bebé de pocos minutos volver la cabeza hacia esa voz y mirar con sus grandes ojos abiertos a aquel que le habla con dulzura.

El respaldo de la cama de obstetricia habrá sido levantado para que la madre, semisentada, pueda ver a su bebé a pocos centímetros de ella. Extendiendo la mano, puede acariciarlo y tender el dedo a su hijo, quien se aferra de inmediato con su puñito cerrado. También el padre se encuentra allí, con el rostro pegado al de su esposa, a fin de ver mejor los primeros retozos de su hijo.

Aunque sólo fuera por eso, por esa comunicación extraordinaria escasos minutos después del nacimiento, Leboyer tenía sobrada razón para escribir su libro. Los padres que han vivido esos instantes inolvidables han declarado, unánimemente, que ese clima psicológico les parecía maravilloso. Las madres que en ocasiones anteriores han dado a luz según los métodos tradicionales conceden, casi sin excepción, su preferencia al método Leboyer.

Aun en el caso de que, en el curso de un parto con el método Leboyer, el niño no deje de gritar, tal como ocurre en el parto tradicional —lo que no resulta excepcional en absoluto—, estoy convencido de que el hecho de que no se haga desaparecer de inmediato al recién nacido entre bastidores, sino que se le deje vivir sus primeros minutos bajo la enternecida mirada de sus padres, marca profundamente a las parejas.

Al cabo de unos diez minutos, habrá que decidirse a arrancar al niño de su baño y a privarnos de su contemplación. Esto me ha resultado siempre difícil, y de buena gana me quedaría durante horas jugando con el niño en su bañera... Sin embargo, es preciso decidirse a sacarlo de ella a fin de confiarlo a la puericultora, quien le hará sufrir lo que yo denomino su «visita» de incorporación.

El arrancar al niño de ese paraíso líquido ocasiona de inmediato gritos desgarradores. Pero es necesario comprender que el paso brutal del interior del útero al mundo exterior se ha realizado así en varias etapas. El choque ha podido ser atenuado, y el niño se habituará progresivamente a su nueva vida. El baño representa un alto bien merecido en el transcurso de ese duro viaje de un universo a otro...

miércoles, 13 de julio de 2011

El Parto y el primer baño del bebé - Parte 1


En ese clima de tranquila serenidad, la madre podrá practicar el método del parto sin dolor en las mejores condiciones posibles, y no como ocurre en las salas de observación tradicionales, ruidosas y a menudo angustiosas.

Cuando el niño llega, el partero le ayudará a franquear con gran dulzura el último obstáculo, es decir el anillo vulvar. Una vez liberado el niño, el médico lo deposita sobre el vientre de la madre, donde suele lanzar uno o dos gritos al cabo de medio inmuto, aproximadamente. El hecho de que el cordón no sea corlado de inmediato, como ocurre en el parto tradicional, permite al niño pasar sin transición brusca de la no respiración (en el vientre de la madre) a la respiración aérea por medio de los pulmones y, por Otra parte, asegura un aporte permanente de sangre y de oxígeno a su cerebro.

Durante su permanencia sobre el vientre de la madre, se evitará que el niño se enfríe cubriéndolo con un tejido tibio, aunque, por supuesto, también le llega el calor de aquélla.

El cordón no se corta hasta varios minutos después del nacimiento, una vez que el niño se ha habituado a la respiración aérea.
Sobre el vientre de su madre, cada niño tiene un comportamiento diferente, que varía según su personalidad. De modo general, el niño cesa inmediatamente de gritar o de llorar, limitándose a lanzar pequeños gruñidos de vez en cuando, comienza a mover sus miembros y, a menudo, abre los ojos.

Depositado boca abajo, puede ponérsele en contacto con el seno materno; con frecuencia, el niño comienza entonces a mamar. Es interesante destacar que esta succión del pezón puede desencadenar en la madre una secreción hormonal que favorece la contracción del útero y el desprendimiento de la placenta.

Al cabo de unos minutos, el partero coge delicadamente al niño para darle el baño. En su libro, Leboyer aconsejaba que fuera el padre quien diera el baño a su hijo, pero después ha cambiado de opinión; en efecto, el padre, en general demasiado emocionado, demuestra una gran torpeza, torpeza que el niño percibe de inmediato, restándole confianza.

Es pues preferible que ese famoso baño, objeto de tantas burlas, sea dado por el propio tocólogo.

El instante en que, bajo los ojos maravillados (y con frecuencia bañados en lágrimas de emoción) de sus padres, el niño se relaja, testimonia su confianza y abre los ojos a su nuevo mundo constituye sin duda alguna el gran momento del método Leboyer.

martes, 5 de julio de 2011

El Parto en la actualidad


Los parteros «tradicionales» han criticado el baño diciendo que no servía para nada introducir al recién nacido en agua tibia, diez minutos o diez horas, puesto que, de todos modos, tarde o temprano tendría que abandonar ese medio líquido. Más adelante veremos que, una vez más, se cae en el error de confundir medio y objetivo: el baño no constituye un fin en sí mismo, sino un medio. Si hay que operar a un paciente, se le anestesiará. La anestesia no constituye un fin en sí mismo, sino el medio de evitar al paciente los dolores posoperatorios. Pero, gracias a la anestesia, el paso de «todavía no operado» a «ya operado» se realizará con el mínimo de sufrimiento posible. Más adelante explicaré que viene a ser este papel el que desempeña el baño en el método Leboyer.

Bien es verdad que el niño acabará por ser arrancado del clima de ternura que lo acoge durante los primeros minutos de su vida, para ser confrontado con la desagradable realidad de lo que he denominado su «visita de incorporación». Esta constatación plantea dos problemas: ¿es posible atenuar la transición a la realidad brutal de la vida del recién nacido?; ¿es deseable atenuar el rigor de dicha i ransición?

Sin duda alguna, será posible modificar el comportamiento del equipo médico (enfermera, puericultora, comadrona, pediatra) líente al recién nacido en las horas y días siguientes a su venida al mundo. Pero será preciso cambiar, no sólo las costumbres, los ges-los automáticos, sino en especial las mentalidades, el estado de animo, el modo de considerar al recién nacido en tanto que ser viviente en todos los aspectos, las relaciones entre los adultos y el recién nacido...'

Todo esto no se llevará a cabo en un solo día, y deberá además enfrentarse a tantas reticencias como conoció el PSD en,el curso de los últimos diez años y el método Leboyer en la actualidad. Desgraciadamente, cualquier cambio de actitud mental se enfrenta, en la mayoría de los médicos, a un muro de oposición e inmovilismo.

Por otra parte, resulta verosímil pensar que las jóvenes generaciones médicas se mostrarán más abiertas ante las nuevas actitudes mentales que sus mayores; al menos cabe esperarlo así. En cualquier caso, pienso que no hay que pretender cambiarlo todo de un brochazo, y que es preciso dirigir nuestros esfuerzos hacia el logro de un nuevo clima psicoafectivo en el mismo momento del nacimiento. Este nuevo estado de ánimo comienza a ser comprendido por un cierto número de tocólogos, número que sin duda irá aumentando progresivamente, aunque sólo sea bajo la presión de la opinión pública. La siguiente etapa consistirá en convencer a los pediatras para que adopten una actitud nueva respecto a los lactantes.

Muchos médicos y psicólogos tradicionales han interpretado mal el resultado de ciertas experiencias. En efecto, se ha demostrado que el estrés o las agresiones podían ocasionar cierta superioridad en el desarrollo psíquico de un grupo de ratas, en relación con un grupo criado en un entorno tranquilo y protegido. Sin embargo, no hay que olvidar que un resultado idéntico o incluso mejor puede ser obtenido mediante estimulaciones sensoriales no traumáticas.

Confundir estrés con estimulación constituye una aberración mental. Si bien en la actualidad está indiscutiblemente probado que las estimulaciones intelectuales y sensoriales en el curso de las primeras semanas y los primeros meses de vida son indispensables para un mejor desarrollo, resulta evidente que esas estimulaciones pueden ser de muy diversos tipos; vale más una estimulación violenta que ninguna estimulación en absoluto, pero me parece obvio que una estimulación inteligente y no traumática será siempre superior a otra brutal y agresiva.

Ante un televisor que se apaga bruscamente, existen tres actitudes posibles: no hacer nada, darle un buen puñetazo o llevarlo al taller de reparaciones. La primera solución no resolverá nada; la segunda puede resultar más eficaz que la primera, pero es sin duda la tercera solución, la solución del razonamiento y la inteligencia, la que me parece más lógica.

Ello no ha impedido al célebre profesor V... declarar con soberbia ante doscientas personas, con ocasión del Congreso Ginecológico de Lyon, en 1976, que: «... la intensa luz del dispositivo de alumbrado sin sombra en los ojos del niño que acaba de nacer es muy beneficiosa para el desarrollo de su visión, puesto que hoy día sabemos que la estimulación sensorial es necesaria para el desarrollo del órgano sensorial en sí mismo».

Esta pasmosa frase, destinada a echar por tierra mi alegato en defensa del nacimiento sin violencia, desencadenó los aplausos de todos los asistentes... Una muestra de hasta dónde puede llegar la estupidez cuando viene guiada por el conservadurismo, los prejuicios, la ignorancia o la admiración beatífica y pasiva de los ídolos sagrados...

sábado, 2 de julio de 2011

Método Leboyer - ¿peligroso para el niño?


El método Leboyer ¿puede ser peligroso para el niño?

No todas las críticas surgidas en el cuerpo médico contra las teorías de Leboyer eran producto del conformismo y la rutina; algunas se debían a la loable preocupación de no comprometer el bagaje científico de la obstetricia moderna, así como los gestos codificados que constituyen la base de la práctica obstétrica.

Es así como han creído poder predecir que el hecho de depositar al niño sobre el vientre de la madre, o de bañarlo, aumentaría el riesgo de infección. Ya ha surgido la gran palabra: infección, microbios. Debido a que la victoria sobre la infección es la única gran victoria obtenida por la medicina desde hace un siglo (las demás se deben a los progresos de la higiene, la nutrición y la técnica anestésica), y a que los antibióticos se cuentan entre los pocos medicamentos verdaderamente eficaces (lo que explica el abuso de su utilización, haya motivo o no), los médicos ven la infección por todas partes. Olvidan que, si bien los microbios se encuentran en efecto por todas partes, en las manos, en la boca, «microbio» no significa forzosamente infección; para ello es preciso que exista cierta fragilidad o debilidad del sujeto, así como otras condiciones especiales.

Volviendo al tema del recién nacido y el parto, ¿no resultan ridículos esos parteros «con casco, botas, máscara y guantes», si se piensa en los millones de microbios que pululan en la vagina y en la región perineo-anal de la madre, que es precisamente por donde sale el niño? Además, éste será depositado minutos más tarde en su cuna, que no es estéril. Entonces, ¿cómo es posible temer, seriamente, que la madre que acaricia a su hijo, depositado sobre su vientre, corre el riesgo de infectarlo?

Lo que defiende y protege al niño, mucho mejor que cualquier antibiótico, son las armas inmunizadoras transmitidas por la sangre y la leche maternas (de ahí la importancia de dar el pecho), por el líquido amniótico y por esa sustancia cremosa, el vernix caseosa, que recubre al recién nacido. Esa sustancia, que protege y nutre la piel del bebé, es muy grasa y no hay peligro de que desaparezca con el baño pues, obviamente, no se trata de fregar al niño.

Me parece evidente que tales temores sólo pueden aparecer en la mente de los médicos que no conocen bien el método Leboyer ni sus límites y que, en cualquier caso, no han probado dicho método.

Por mi parte, me apliqué a la tarea de tranquilizar a mis colegas efectuando las primeras comunicaciones científicas sobre el método Leboyer (en la Société de Gynécologie, en París, en abril de 1976, y en el Congreso de la Federación de Sociedades de Ginecología, en Lyon, en mayo de 1976) y publicando el primer artículo científico sobre dicho tema (Revue Frangaise de Gynécologie, abril de 1976).

Habiendo sido el más encarnizado adversario de Leboyer cuando apareció su libro, me pareció normal, a renglón seguido, convertirme en su defensor más eficaz en el mundo médico (el éxito logrado por su libro demuestra, sin embargo, que no necesita ayuda alguna). Al menos, mi toma de posición ha tenido cierto efecto, pues creo ser considerado como un garante de la obstetricia moderna, ya que soy autor de los principales manuales sobre esta I iencia para el uso de médicos, comadronas y enfermeras.

Sin entrar en detalles (carentes de interés para el gran público) sobre mis comunicaciones y artículos científicos, diría que las observaciones médicas que realicé sobre más de un centenar de partos según el método Leboyer permiten asegurar que dicho método no |)icsenta ningún peligro para el niño, con la única condición, subrayada por Leboyer, de que se aplique solamente en el parto normal, con un recién nacido normal. Idénticas aseveraciones tranquilizado-las aporta el doctor Odent, de la maternidad de Pithiviers, con varios miles de partos Leboyer en su haber. En su clínica modelo, donde todo se halla dominado por la preocupación de humanizar el nacimiento, las cifras de mortalidad perinatal pasaron del veintinueve por mil en 1962 al diez por mil en 1976, netamente inferior a la tasa media en Francia, que es actualmente del veinte por mil.

Creo que sólo me resta reproducir a continuación las conclusiones de mi artículo aparecido en la Revue Francaise de Gynécologie: «Este método cambia profundamente el clima psicológico del parto y, por lo tanto, marca una etapa importante en la historia de la obstetricia, tan importante como la que supuso la introducción del parto sin dolor, el cual, a su vez, en un principio no había suscitado sino desinterés, escepticismo o críticas sistemáticas.

»Este método no presenta ningún peligro para el niño, siempre que sólo se aplique en el parto eutócico.-1 Su aplicación cambia el comportamiento del recién nacido de un modo sorprendente; estrecha los lazos entre madre e hijo y permite al padre compartir el gozo del nacimiento; por último, crea un nuevo clima afectivo y tranquilizador al que no se está acostumbrado en una sala de partos, que cada vez se vuelca más a la frialdad inhumana de la electrónica».

miércoles, 15 de junio de 2011

El Cordon Umbilical


La sección del cordón

Con frecuencia, el retraso en seccionar el cordón ha sido vivamente criticado por los adversarios del nacimiento sin violencia. Algunos médicos arguyen que el cordón no cortado de inmediato mantiene la comunicación entre la placenta y el niño, favoreciendo así que la sangre del bebé pase a la placenta por el efecto de los vasos comunicantes.

A pesar de que esta hipótesis se basa en nociones corrientemente admitidas hasta el presente, los detractores más «cultivados» citan, para apoyar sus críticas, los trabajos de un equipo norteamericano dirigido por Th. Sisson, los cuales demuestran que hay en efecto una ligera pérdida de sangre del niño hacia la placenta, cuando éste se halla situado a un nivel superior.

Sin embargo, esos detractores olvidan precisar que los trabajos de dicho equipo fueron efectuados basándose en cesáreas y embarazos complicados, en especial de mujeres diabéticas, lo que cambia mucho la cuestión.

En efecto, al estar abierto el útero en la cesárea, las condiciones hemodinámicas están alteradas y, sobre todo, el «efecto esponja» ejercido sobre la placenta después del nacimiento por las contracciones uterinas no se produce. Por otra parte, en el hijo de una madre diabética existe con frecuencia una hipertensión venosa que crea artificialmente una transfusión del niño hacia la placenta.

Un estudio más reciente, más completo, más serio y más importante, llevado a cabo por otro equipo norteamericano, bajo la dirección de F. Kleiwberg, prueba por el contrario que en el curso del parto natural el retrasar la sección del cordón no tiene ninguna influencia sobre el volumen sanguíneo del bebé, siempre que éste no se encuentre a una altura de más de veinte centímetros por encima de la placenta.

En la práctica, el niño depositado sobre el vientre de la madre se encuentra a unos seis o siete centímetros —es decir, el espesor de la pared uterina más el de la pared abdominal de la madre— por encima de la placenta.

Además, un equipo inglés, dirigido por P. Dunn, ha demostrado que el útero ejerce sobre la placenta contracciones que actúan como cuando se exprime una esponja, y envía hacia el niño toda la sangre contenida en la placenta, realizando una auténtica transfusión de esta hacia el niño. En definitiva, exactamente lo contrario de lo que propugnan a grandes gritos los que se oponen a retrasar la sección del cordón.

martes, 7 de junio de 2011

Relatos de partos revividos


Siento una sensación de ahogo, de compresión del tórax. Una potente y progresiva fuerza me curva, aproximando mi cabeza a mis dobladas rodillas, y pegándome los brazos al cuerpo. Sensación de ser comprimido progresivamente. Mi nuca se halla presa en un estuche, y siento intensos dolores en la espalda y los ríñones. Sensación de ser aplastado por una fuerza aplicada sobre mis hombros, uniendo los omoplatos. A nivel mental, impresión de fatalidad ineludible, de impotencia total, de algo terrible que no acabará nunca y que me produce una gran angustia metafísica.

Este estadio parece corresponder a la primera parte de la fase de dilatación, cuando las contracciones uterinas aplastan al niño. Dado que el cuello del útero está cerrado, no hay salida posible; de ahí la impresión de ineludible y de algo que no acabará nunca.

Después aparecen las ganas de avanzar contra algo que se resiste y que es más estrecho que los hombros, los cuales tienden a borrarse, a apretarse, a fin de hacerse lo más pequeños posible. Sensación de un gollete de botella de consistencia elástica, muscular.

Mentalmente, impulso de no permanecer ahí, de liberarse de ese estrecho lugar. Es preciso escapar de lo que comprime. Impresión de que podría tratarse del final de las molestias. Sentimiento de que puede y debe hacerse algo para salir de ahí.

Este estadio parece corresponder a la abertura del cuello del útero y al descenso del niño. La abertura del cuello logra que cese la impresión de ineludible, y hace concebir esperanzas de que la situación dramática, la pesadilla, podrá tener un fin.

De pronto, impresión de que la cabeza se libera, y después los hombros. Sensación similar a la de un espeleólogo que sale de un agujero. Me siento impulsado a seguir avanzando, liberando el busto. Tiendo a pasar un brazo por delante de la cabeza a fin de liberarme mejor. A nivel mental, no tengo ganas de detenerme sino, por el contrario, de seguir avanzando. Después, sentimiento de inmensa felicidad, de haber salido. La pesadilla concluye.

Este estadio parece corresponder a la liberación del niño. La cabeza se libera; después, un brazo y los hombros. El fin de la sensación de compresión proporciona una intensa felicidad.

Casi inmediatamente surge una sensación de vértigo y náuseas, de algo que gira en la cima del cráneo [Robert indica el emplazamiento de la fontanela). Al mismo tiempo, sensación de mucosidades y de líquido en la boca y en la garganta, con la imperiosa necesidad de escupir y de toser.

De pronto, sensación de vacío, de que ya no hay nada a mi alrededor. Ya no siento mi espalda, ni ninguna otra cosa. Sensación nueva de flotar, impresión de ligereza. Asombro de no encontrar nada en ninguna parte. Sin duda, algo comparable a un descenso en paracaídas [Robert precisa que nunca ha practicado paracaidismo, pero que supone que la sensación debe de ser similar]. Esa sensación es más asombrosa que angustiosa.

Este estadio parece corresponder al momento en que el niño sale y se encuentra con un espacio no limitado.

Hay que destacar que Robert no indica sensación de ruido o de luz intensos. Al hablar con los padres sabemos que nació en una granja, a la luz de una lámpara de petróleo y en calma. Tampoco indica sensaciones térmicas concretas.

martes, 31 de mayo de 2011

Primera Etapa de nacimiento


Es el fin del embarazo. Este período se halla dominado, tanto lisica como psicológicamente, por la noción de unión con la madre.
Las condiciones para el niño son entonces óptimas: seguridad, protección, medio líquido y tibio, agradable, y satisfacción de todas las necesidades: nutritivas por medio del cordón umbilical, urinarias por la micción en el medio amniótico (no hay función intestinal, por lo tanto tampoco hay deposiciones).

Esta beatitud puede sin embargo verse alterada. De modo ocasional y superficial, por ruidos externos demasiado intensos, por sacudidas sufridas por la madre, por una molestia pasajera de ésta, por el uso del tabaco o del alcohol, por el examen del ginecólogo, por las relaciones sexuales, etc. La alteración puede ser más duradera y de mayor gravedad a causa de cualquiera de las enfermedades propias del embarazo (hipertensión arterial, toxemia gravídica, choque por el factor Rh), del miedo o la angustia de la madre, de un trabajo penoso efectuado por ésta, etcétera.

A pesar de que todas esas agresiones son bien conocidas por la medicina oficial, ésta sólo ve en ellas la posibilidad de una repercusión en la salud del niño.

Las exploraciones por medio del LSD revelan que el niño puede asimismo sentir esas agresiones a nivel psíquico, con sensación de incomodidad, dolores, angustia, etc., y memorizar después esos recuerdos incómodos de su inconsciente, del que podrán «extraerlos» los métodos psicoterapéuticos ya mencionados. La sabiduría popular ya había reconocido, desde hace tiempo, la influencia de la ansiedad o la angustia de la madre sobre el desarrollo del embarazo y sobre el psiquismo del niño.

En este estadio, las descripciones suministradas por los sujetos experimentales son todas parecidas. Se describen como de tamaño muy pequeño, con la característica desproporción entre el volumen de la cabeza y el del resto del cuerpo (sabemos que el recién nacido tiene una cabeza proporcionalmente mucho mayor que la del adulto).

Pueden sentir el líquido que los baña e incluso a veces el cordón umbilical. Esas percepciones se hallan asociadas a una impresión psíquica de completa felicidad, de fusión perfecta en la unidad cósmica. Los sentimientos mencionados con mayor frecuencia son: paz, tranquilidad, alegría, serenidad, beatitud, esplendor y plenitud del ser, trascendencia del tiempo y el espacio. Todos señalan que las palabras del lenguaje ordinario son insuficientes para traducir la naturaleza de esa sensación y su significado.

viernes, 27 de mayo de 2011

Experiencia perinatal - traumas en el nacimiento


La experiencia perinatal del recién nacido puede dividirse en cuatro etapas, que corresponden por otra parte a las cuatro etapas del parto.
La primera etapa es la que precede al período de dilatación, es decir al final del embarazo.

La segunda etapa es la del comienzo de la fase de dilatación y, más tarde, de las contracciones uterinas. Corresponde a lo que los parteros anglosajones denominan the first stage of labor, la primera clapa de la fase de dilatación.

La tercera etapa corresponde a la abertura del útero y al descenso del niño por las vías genitales de la madre. Es lo que los parteros anglosajones denominan the second stage of labor. Cabe destacar que fisiológicamente, este estadio se desarrolla a menudo en concomitancia con el anterior.

La cuarta etapa corresponde a la salida del niño de las vías genitales maternas. Es el third stage of labor de los anglosajones, la tercera etapa de la fase de dilatación.

Veamos cómo vive y sufre el niño esos diversos fenómenos; después comprenderemos mejor por qué es necesario humanizar y dulcificar el nacimiento.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Nacimiento - técnica de regresión


Revivir el nacimiento se está convirtiendo en un pasatiempo de moda, al menos en Estados Unidos. Agrupaciones especializadas prometen por diez dólares un nacimiento revivido. Estas prácticas, aparecidas con mucha frecuencia en la prensa norteamericana e incluso europea, pueden confundir al lector, por lo que me parece necesario realizar algunas aclaraciones.

Esas experiencias norteamericanas, en las que le prometen a uno revivir el nacimiento en una bañera de agua tibia, no corresponden en absoluto a verdaderos nacimientos revividos. Lo que ocurre es que en el agua caliente, en inmersión total y prolongada, aparecen determinadas sensaciones y emociones que condicionan al sujeto a interpretar la experiencia como un nacimiento revivido.

En realidad, no hacen sino proyectar en esa sensación el deseo de revivir su nacimiento, proyección facilitada por el contexto en que se desarrollan este tipo de experiencias.

Revivir el nacimiento constituye un caso concreto de regresión a la infancia. Este tipo de fenómenos son conocidos desde hace mucho en el ámbito del psicoanálisis, y han sido particularmente estudiados y explotados en cuatro dominios determinados: las terapias e investigaciones psicológicas emocionales de origen norteamericano, las ascesis espiritualistas orientales, la hipnosis o, más en general, las técnicas de terapia por sugestión, y las experimentaciones médicas con ciertas drogas psicodélicas como la mescalina, la psilacibina y el LSD, químicamente vecinas de ciertos mediadores cerebrales, como la dopamina y la serotonina.

Revivir el nacimiento no ha sido nunca un fin en sí mismo, sino un acontecimiento fortuito e imprevisible, una regresión como muchas otras, que se manifiesta a veces, si bien muy excepcionalmente, en ciertos sujetos que se libran a experiencias como las citadas.

La regresión en el tiempo no constituye un fin en sí misma. Se trata, o bien de un medio para llegar al conocimiento total del yo real (psicoanálisis, investigaciones psicológicas norteamericanas, terapia por sugestión), o bien de un medio para estudiar una actividad cerebral concreta. En los demás casos, el conocimiento del yo requiere una dura disciplina, una voluntad firme, sacrificios y años de trabajo en el estudio de las ascesis orientales.

lunes, 23 de mayo de 2011

Terapia Primal


La terapia primal

La aproximación más directa [a las emociones inhibidas] viene representada por la «terapia primal» de ArthurJanov. En esa forma de terapia, todo lo que no es emocional es rechazado en bloque por el terapeuta, que conduce siempre al paciente a la expresión de sus emociones presentes y, después, de las pasadas.

Este método lleva a regresiones temporales muy profundas del paciente, el cual puede así revivir episodios muy remotos de su infancia, incluso el trauma del nacimiento. A pesar o, más bien, a causa de su aspecto antiintelectual, la terapia primal permite una exploración de extraordinario alcance del inconsciente, muy superior a la que efectúan las demás terapias, y lleva al sujeto a una comprensión profunda de su comportamiento.

Hacia el final del siglo XIX, Freud y Breuer habían descubierto la significación fundamental de las inhibiciones emocionales en la etiología de los trastornos psicológicos.

Desgraciadamente, ambos pertenecen a la sociedad «Victoriano», que sentía horror por las emociones, y ellos mismos se encontraban incómodos frente a una expresión emocional violenta. Esa fue la causa de que Freud prefiriese orientarse hacia la constitución de una obra abstracta, antes que acometer directamente las emociones inhibidas de sus pacientes.

domingo, 22 de mayo de 2011

Recién nacido - como siente el nacimiento


Cómo vive y siente el niño su nacimiento

Dice Marilyn Ferguson: «Los descubrimientos de los investigadores del cerebro y los de las disciplinas anexas están produciendo profundos cambios en las teorías científicas y en la sociedad. Ello produce reacciones en cadena en medicina, psiquiatría y pedagogía.

Las teorías sobre la naturaleza de la inteligencia están desquiciadas. Un maremoto arrastra a los científicos a experiencias que, hace apenas diez años, pasaban por maniobras de charlatanes: estados alterados de la conciencia, curaciones no ortodoxas, parapsicología...

»Cuando se hallan reunidos los descubrimientos de las diversas disciplinas, surge una imagen de las posibilidades y complejidades humanas que difiere de la idea que se suele tener del hombre, al igual que el sol es distinto de una bombilla eléc-(rica...
»A medida que se amplía el campo de la investigación, el número de fenómenos aumenta en progresión geométrica, obligando a revisiones continuas de las teorías existentes...»

Dado que los primeros meses de la vida dejan huellas indelebles en la personalidad del niño, algunos pensaron que el nacimiento podía marcar al inconsciente.

Esta idea no es nueva; la expuso por primera vez el psiquiatra vienes Otto Rank, en 1927, en su libro El trauma del nacimiento.
Desde hace unos veinte años, numerosos teóricos del campo de la psicología han atraído de nuevo la atención sobre la prueba, psicológica y físicamente terrible, que supone el nacimiento. Pero sólo podían enunciarse hipótesis con respecto al modo en que un recién nacido vivía y sufría la prueba del nacimiento.

De nuevo la psicoterapia y las investigaciones psíquicas modernas proporcionan la respuesta. Varios métodos psicoterapéu-ticos han permitido a sujetos experimentales —médicos, psicólogos, estudiantes o enfermos— remontarse en los recuerdos grabados en su inconsciente mucho más lejos de lo que habían permitido hasta ahora los métodos del psicoanálisis clásico. Esos sujetos han podido así realizar una experiencia prodigiosa: revivir su nacimiento..

Puede parecer increíble, pero la experiencia ha sido vivida y confirmada por millares de sujetos experimentales de distinta cultura, educación y formación, en fechas y lugares diferentes y con distintos métodos de psicoterapia.

Esta experiencia se describe en el libro de Leboyer citado: «... Puede parecer increíble. Y sin embargo es así. Aquellos que han revivido su nacimiento pueden dar testimonio de ello». Pienso que esta noción de un testimonio vivido arroja una nueva luz sobre las ideas de Leboyer.

La posibilidad de revivir escenas antiguas o muy antiguas supone que esas escenas están real y definitivamente grabadas en el cerebro. Hoy, esa realidad ha sido probada a nivel experimental y anatómico. En efecto, Marilyn Ferguson, en su obra La revolución del cerebro, dice: «...

La estimulación del lóbulo temporal del cerebro, directamente adyacente al rinencéfalo, produce un efecto típico de los ASC [altered state of consciousness, estados alterados de la conciencia]: incidentes del pasado [...] son revividos, casi como si pasara una banda magnética de video. W. Penfield, célebre neurocirujano, descubrió el fenómeno explorando ei cerebro de epilépticos, a fin de localizar con precisión la zona que provocaba la crisis. Pudo constatar que la exploración por medio de sonda electrónica de determinados puntos del lóbulo temporal desencadenaba una «segunda proyección» de acontecimientos pasados».

jueves, 19 de mayo de 2011

El Nacimiento - posibles traumas


El niño puede sentir de modo dramático el trauma del nacimiento

A lo largo de estas páginas he tratado de hacerte comprender dos realidades fundamentales:

el feto al final del embarazo —al igual que el recién nacido— es sin duda un ser humano, capaz de realizar una actividad psíquica, motora y sensorial extremadamente intensa, de la que apenas se empiezan a sospechar la importancia y las posibilidades;

— el nacimiento no supone pues el comienzo de la vida, sino tan sólo un paso brutal de un mundo conocido, mullido y protector a otro desconocido, hostil y agresivo;

— este paso brutal puede ser vivido de un modo dramático por el niño, mereciendo entonces el calificativo de trauma del nacimiento. En nuestros días, el carácter psicológicamente traumático de ciertos nacimientos ha sido atestiguado de modo definitivo por pruebas científicas objetivas (las posibilidades que tiene el niño de ser afectado) y por testimonios subjetivos, que veremos más adelante.

Aun en el caso de que el parto en sí no sea forzosamente sentido por el niño como algo traumático (muchos niños parecen dormir cuando sacan la cabeza de la vagina materna), parece que el primer contacto con el mundo exterior (inhalación de aire, manipulaciones del médico) es siempre percibido de modo desagradable; el hecho es que todos los niños gritan desde que salen, y parece ya insostenible la teoría de que se trata de gritos de alegría.

Todas estas nociones que, en el curso de los últimos años, han cambiado de arriba abajo las ideas preconcebidas —o, más exactamente, la falta total de ideas— de la ciencia oficial, desembocan de modo ineludible en un imperativo evidente: es preciso dulcificar las condiciones del nacimiento, es preciso humanizar el nacimiento.

domingo, 15 de mayo de 2011

Recién Nacido - sus reflejos


Los reflejos arcaicos del recién nacido

En número de cuatro, provienen del tiempo en que los homínidos, los primeros homo erectus, no eran todavía más que una especie de grandes monos que intentaban mantenerse sobre sus patas traseras.

Los tres primeros reflejos son reflejos de supervivencia, y sin duda han desempeñado un importante papel en la capacidad de la especie humana para superar los peligros que la acechaban por todas partes en el alba de la humanidad. Son los siguientes:

el reflejo de succión. Saber mamar desde el momento de nacer constituye para un mamífero una condición imperativa de supervivencia;

el reflejo de agarrarse, que encontramos todavía claramente en los monos superiores. Cualquier excitación de la palma de las manos o de la planta de los pies desencadena un intento de «asirse» con los pies o con las manos. Ese reflejo permitía a la cría del hombre sujetarse sólidamente a los cabellos o la piel de la madre —quizás a los pelos que la cubrían— en caso de peligro.

Basta con observar en el zoológico cómo los pequeños monos se enganchan a su madre cuando ésta se desplaza en su jaula para comprender a qué corresponde el reflejo de asirse;

el reflejo de Moro consiste en separar automática y vivamente los brazos cuando el bebé siente la impresión de caer hacia atrás. Se trata de un reflejo orientado a atenuar el efecto de la caída. Es ese movimiento el que está en la base de la amortiguación de la caída en el judo y en la mayor parte de las artes marciales orientales;

en cuanto al cuarto reflejo arcaico, se trata de la marcha automática; el bebé sostenido por las axilas en posición vertical se pone a «andar» cuando sus pies tocan un plano horizontal. El significado ancestral de este reflejo es menos claro. Es evidente que indica con claridad que la cría del hombre era capaz de caminar en posición vertical, pero resulta difícil imaginar cuál era el valor, la importancia y la utilidad de ese reflejo hace un millón de años. Es interesante saber que un equipo de investigadores de Boston se ha interesado particularmente en ese reflejo de marcha.

Han demostrado que si dicho reflejo era apoyado por medio de ejercicios cotidianos, en varias semanas se convertía en una actividad aprendida, y permitía a esos niños andar mucho antes que un grupo de control. La naturaleza parece pues haber puesto a disposición del bebé una facultad que no es explotada por ignorancia.

Sea como fuere, los reflejos observados hoy en todos los recién nacidos son los lejanos vestigios llegados a nosotros —si bien muy atenuados—, reflejos vitales que han permitido a los bebés humanos sobrevivir en un medio hostil.

No siendo al parecer de ninguna utilidad para el bebé del siglo XX, dichos reflejos desaparecen espontáneamente en los meses que siguen al nacimiento. Pero hay mucho que reflexionar sobre ello, y las investigaciones del equipo de Boston nos muestran quizá que nos hemos apresurado a pronunciar la sentencia «carente de interés»... No resulta imposible imaginar que, en cinco, diez o veinte años, surgirá una interpretación más ceñida a la verdad, la cual permitirá una utilización de esos reflejos más próxima a su verdadera significación.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Recien Nacido - ¿Siente algo el Feto?


¿Siente algo el feto?

E. Schrodinger afirma: «Se da siempre un cierto retraso de transmisión entre las ideas de los sabios y la idea que la gente se forma de las ideas de esos sabios».

El nacimiento, ese paso de la vida intrauterina a la vida exterior, del mundo desconocido, constituye una prueba terrible, física y psicológicamente atroz para el niño, el cual la sufre de un modo pasivo, sin encontrar, al final del calvario, la reconfortante acogida que tiene derecho a esperar de nosotros.

Y se objetará: ¿Cómo es posible afirmar que el niño siente el parto como una prueba penosa? ¿Cómo es posible siquiera afirmar que el niño siente algo?

«¡Bah!, un recién nacido no siente nada...»

Este tipo de razonamiento se parece a los sostenidos por eminentes sabios, hace apenas dos siglos, los cuales se preguntaban si la mujer tenía alma, dado que carecía siquiera de inteligencia.

«¡Bah!, las mujeres no piensan...»
Bastaría sin embargo con reflexionar cinco minutos sobre lo que supondrían para un adulto las pruebas físicas que el recién nacido sufre durante el parto; pocos adultos las resistirían. Por no hablar de la angustia y el pánico experimentados al penetrar en ese mundo nuevo, desconocido y hostil.

«¡Bah!, un recién nacido no siente nada...»
Sin embargo, dos minutos después de su nacimiento, mientras lo sujetas en tus brazos, haz como que lo dejas caer; todo su cuerpo realizará un movimiento de terror y se pondrá a aullar. Si un recién nacido siente tan intensamente el intento de un falso movimiento, apenas dos minutos después de nacer, ¿no cabe pensar que siente con la misma intensidad dos minutos antes?
¿Por qué un elevado número de médicos se obstinan en comparar al feto con una piedra y en no querer admitir, contra todas las evidencias científicas, que es capaz de sentir mucho antes del nacimiento?

lunes, 9 de mayo de 2011

Parto Normal - Examenes en el bebé


En el curso de un parto normal, es decir en la mayoría de los casos, el grito es inmediato, el índice de Apgar se sitúa entre 9 y 10 en el primer minuto y los cuidados se reducen a unos pocos. Una vez mantenido el niño a una temperatura apropiada, se llevan a cabo, en orden cronológico, los siguientes pasos:

— desobstrucción de la nariz, de la boca y de la garganta con ayuda de una fina sonda de goma con la que se aspiran delicadamente todas las mucosidades que pueden llenar Enlacedichas cavidades. La desobstrucción se aconseja de modo sistemático en el parto clínico;

— examen corporal rápido a fin de asegurarse de la ausencia de malformaciones; se verifican la cavidad bucal y la nariz, el sexo, los dedos de las manos y de los pies, las caderas, el ano;

— seccionamiento de la porción restante del cordón, al nivel del ombligo, tras haber colocado una pinza especial. El ombligo se limpia de inmediato con m e re u roe rom o, después se realiza una cura con compresas y una banda de gasa enrollada alrededor del vientre del niño, a modo de una faja;

— aplicación de una gota de colirio antibiótico en cada ojo. Esta práctica, obligatoria desde hace muchos años, ha hecho remitir por completo la oftalmía del recién nacido;

— pesaje del bebé en una balanza apropiada, teniendo en cuenta el peso de la pinza del cordón umbilical. El peso normal de un recién nacido oscila como término medio de 3.000 a 3.300 gramos;

— medida del niño desde la cabeza a la planta de los pies: 50 centímetros aproximadamente;

— aseo del bebé; se le lava, peina, y viste antes de serle presentado a la madre;

— toma de las huellas de la planta de los pies y fijación del brazalete de indentificación (nombre, apellido y sexo) alrededor del puño.

Una vez satisfecha su primera visita al mundo de los humanos, podrá ser confiado unos minutos a su madre a fin de que se conozcan.

Después de lo cual será depositado en su cuna para proporcionar a la madre un descanso bien merecido.
En suma, hay que reconocer que la actitud clásica priva a la madre de un contacto inmediato con su hijo, y somete a éste a una serie de controles técnicos que evoca los sufridos por un electrodoméstico al final de la cadena de montaje.
Más adelante te mostraré que una actitud más humana es deseable, posible y beneficiosa.

viernes, 22 de abril de 2011

Corte de cordón umbilical


Lo primero que se hace es cortar el cordón umbilical. Mientras la ayudante mantiene al niño cabeza abajo, el partero coloca dos pinzas sobre el cordón y lo secciona por el espacio que media entre ambas. El objeto de las pinzas es impedir que se derrame sangre, ya que el cordón es recorrido por los vasos umbilicales: dos arterias y una gruesa vena.

Una vez seccionado el cordón, una parte queda unida al ombligo del niño y la otra a la placenta, que sigue todavía en el interior del útero.

A continuación, el niño es conducido de inmediato a la mesa de reanimación. Dicha mesa debe contar necesariamente con:

un equipo de oxigenación apropiado para el recién nacido;

un equipo de aspiración, a fin de poder aspirar el líquido y las mucosidades que pueda haber en su garganta y en la parte posterior de la misma;

un equipo completo de reanimación neonatal.

A veces, todos estos equipos se agrupan en una única mesa de reanimación, la cual es utilizada de modo sistemático para el cuidado de todos los recién nacidos.

En otros casos, se encuentran una junto a otra la mesa de puericultura normal para los cuidados habituales que se efectúan a todos los bebés y una mesa especial de reanimación utilizada tan sólo en los casos en que se necesite una verdadera reanimación.

jueves, 21 de abril de 2011

Mesa de reanimación - cosas que no pueden faltar


En cualquier caso, la mesa de reanimación debe comprender obligatoriamente:

— un sistema de calefacción, a fin de mantener al niño a una temperatura constante y apropiada;

— un sistema de iluminación que permita al personal médico trabajar en buenas condiciones;

— el material necesario para una intubación traqueal y un cateterismo umbilical (hablaremos de estas nociones más adelante);

— un equipo completo de oxigenación con balón, máscara y manómetro (para verificar la presión del oxígeno insuflado);

— un equipo completo de aspiración.

En las clínicas modernas, se suelen utilizar mesas de reanimación especialmente fabricadas para este fin por laboratorios médicos; mesas que son, de hecho, verdaderos pequeños centros de reanimación portátiles, en los que todo está calculado para un uso óptimo, todo está al alcance de la mano y todo está concebido para asegurar el máximo de seguridad para el niño.

martes, 19 de abril de 2011

Exámenes del bebé recien nacido


En el alumbramiento clásico, el niño, desde su salida de las vías maternas, es sometido a un determinado número de exámenes y movimientos codificados, destinados a apreciar su estado físico y a paliar de inmediato cualquier anomalía detectada.

La aplicación de esas pruebas sistemáticas ha servido para mejorar la calidad de los cuidados y hacer que disminuyan las posibles consecuencias que un parto difícil tendría en el niño. Sin embargo, como toda actitud nueva, esta conducta científica tiende a caer en ciertos excesos, en los que el parto ya no es considerado como un hecho natural sino como una intervención quirúrgica, y el niño, más que un ser humano, pasa a ser un objeto pasivo que se somete a los últimos inventos de la técnica electrónica.

Un retorno hacia una actitud más humana, menos fría, se abre paso poco a poco en nuestros días; la humanización del nacimiento pasa por una reducción de los factores médicos, lo que no supone ni una negación de los progresos técnicos obtenidos ni una vuelta atrás. Se trata más bien de poner al médico y a la técnica médica en su lugar, que es el de un testigo vigilante y discreto del nacimiento, y no el de protagonista.

Tanto el médico como la técnica deben estar listos para intervenir, pero permaneciendo en la sombra y dejando la escena a los verdaderos protagonistas del nacimiento: el niño, la madre y el padre.

Sin embargo, voy a describir brevemente las pruebas a-las que es sometido el niño en el parto tradicional.

En cuanto sale del vientre materno, se encargan de él la comadrona o la puericultora. A menudo, a la madre le extraña que el médico o la puericultora mantengan a su hijo cabeza abajo sujeto por los pies; esa posición está motivada por el temor de que el niño inhale en sus pulmones las mucosidades y el líquido amniótico que han llenado sus cavidades bucales y nasales durante el parto.

domingo, 17 de abril de 2011

La Salida del Bebé


La salida

La cabeza del niño ha distendido progresivamente el orificio vulvar. Un último esfuerzo de expulsión la hace avanzar un poco más; sin embargo, es preciso que la cabeza salga muy despacio, milímetro a milímetro, para evitar que el distendido perineo se desgarre. El partero es el que se encarga entonces de todo; no debes estorbarle.

— En un determinado momento, el partero te pedirá que no empujes más.

— Entonces, cuando la necesidad de empujar es más violenta, debes interrumpir el esfuerzo expulsivo, abrir la boca y realizar la respiración jadeante tan rápida y superficialmente como sea posible.

— Una vez ha salido la cabeza, puede darse el caso de que el partero te pida un pequeño esfuerzo de expulsión más, para ayudar a que salgan los hombros; el resto del cuerpo sale con facilidad.